así duele menos

 
podría enseñarte la piedra
que me alcanza siempre
ya no sé si tropiezo
o es ella quien me recuerda.


tú hablarías desde el suelo,
tu voz moviendo el polvo
sobre el que resbalo.
me dirías esto, lo otro,
desde la suela del zapato
hasta las aristas romas.


y yo caería otra vez
por desafiar los pasos,
con tal de tener una excusa
para preguntarte por qué.


puede ser que algún día
entendieras mi torpeza:
si elijo bailar el vértigo 
de tus escalones gastados,
si corro —pies empapados—
hacia cualquier razón
que acerque mi nombre a tu voz

y preguntarte por qué.


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