así duele menos
podría enseñarte la piedra que me alcanza siempre ya no sé si tropiezo o es ella quien me recuerda. tú hablarías desde el suelo, tu voz moviendo el polvo sobre el que resbalo. me dirías esto, lo otro, desde la suela del zapato hasta las aristas romas. y yo caería otra vez por desafiar los pasos, con tal de tener una excusa para preguntarte por qué. puede ser que algún día entendieras mi torpeza: si elijo bailar el vértigo de tus escalones gastados, si corro —pies empapados— hacia cualquier razón que acerque mi nombre a tu voz y preguntarte por qué.