aunque solo uno fuera
La vida —29 oct—
Pedirte la mano sería
robar del mundo las instrucciones.
Rogar tus labios, descifrar
todos los cuerpos de agua.
Trepar tus piernas,
lanzar miradas a la luna;
como un ave migratoria
coronar de nidos tu cintura.
Consumir tu ternura,
acunar a las bestias;
y en caricias sobre tu pecho
cartografiar el mar.
Al perderme en tus ojos,
cegarme en el eclipse.
Besarte, tocarte,
morir en ti,
es entender vivir.
Parafina —28 oct—
Te pido visitarte, te pido invadir
sueños y apariciones, la madrugada,
tu piel de caolín. Mis dedos ásperos
se preparan para verte.
Aquí me ves sentada, la piel carbonatada,
los pies acelerantes y una mano feroz
ante un camino remoto, por conducirme a ti.
Y aunque no sé leer mapas ni quiero hacerme con el frío
hoy descansaré detrás como en la noche de los tiempos
hecha de deseos incapaces de trepar el cielo.
Yo sueño con tocarte como me acaricia el viento,
liberar mi mano del hiel y hundirla ahí dentro,
atrapar tus bocanadas, convertirlas en un tiento
azulado, como sangre ahogada, como mar inmenso.
Durante el día, jugueteo con tus temperaturas,
canto con las golondrinas, acaricio sus plumas
con las yemas de una vela que se muere por arder.—
La estrella me regala sombras para resguardarme—
Pero yo ansío ser la tierra fértil de un grito fosforado,
como el alado visionario que nunca se detuvo.
Pienso que una lumbre diminuta es prudente,
y aunque el vigilante mantenga su mirada,
espero la noche que permita la ascensión
que pueda sofocarme y permita transformarme
en brisa humeante, dispuesta para verte,
trepadora de hiedras por conducirme a ti.
El aroma inflamable de la pólvora,
el placer crepitante de un deseo fugaz
y una boca febril aspirando el fondo de la piel.
Sueños y apariciones frente al camino.
Aquí me ves, arrodillada, te visito y te pido:
invádeme, consume mi madrugada,
siembra un foco interminable
y déjame rendirme,
ceniza dispersa
ante ti.
Sino tú —22 oct—
Te pido visitarte, te pido invadir
sueños y apariciones, la madrugada,
tu piel de caolín. Mis dedos ásperos
se preparan para verte.
Aquí me ves sentada, la piel carbonatada,
los pies acelerantes y una mano feroz
ante un camino remoto, por conducirme a ti.
Y aunque no sé leer mapas ni quiero hacerme con el frío
hoy descansaré detrás como en la noche de los tiempos
hecha de deseos incapaces de trepar el cielo.
Yo sueño con tocarte como me acaricia el viento,
liberar mi mano del hiel y hundirla ahí dentro,
atrapar tus bocanadas, convertirlas en un tiento
azulado, como sangre ahogada, como mar inmenso.
Durante el día, jugueteo con tus temperaturas,
canto con las golondrinas, acaricio sus plumas
con las yemas de una vela que se muere por arder.—
La estrella me regala sombras para resguardarme—
Pero yo ansío ser la tierra fértil de un grito fosforado,
como el alado visionario que nunca se detuvo.
Pienso que una lumbre diminuta es prudente,
y aunque el vigilante mantenga su mirada,
espero la noche que permita la ascensión
que pueda sofocarme y permita transformarme
en brisa humeante, dispuesta para verte,
trepadora de hiedras por conducirme a ti.
El aroma inflamable de la pólvora,
el placer crepitante de un deseo fugaz
y una boca febril aspirando el fondo de la piel.
Sueños y apariciones frente al camino.
Aquí me ves, arrodillada, te visito y te pido:
invádeme, consume mi madrugada,
siembra un foco interminable
y déjame rendirme,
ceniza dispersa
ante ti.
¿Quién me puebla los ojos
de imágenes constantes?
¿quién me mueve como a un alfil,
se monta en mi lomo, cabalga
y talla su escudo en marfil?
¿quién?
Se arrima al balcón, convoca
reuniones de sabios y druidas.
¿Quién me regala cuando me arrodilla
frutos tejidos con su piel?
¿quién?
Me acomoda en su ternura,
me riega, me crece, me abraza.
¿Quién escucha los ciclos de luna?
Si no tú.
¿Quién me toca si quiere,
me toma porque puede?
Solo tú.
¿Quién me puebla los ojos
de imágenes constantes?
¿quién me mueve como a un alfil,
se monta en mi lomo, cabalga
y talla su escudo en marfil?
¿quién?
Se arrima al balcón, convoca
reuniones de sabios y druidas.
¿Quién me regala cuando me arrodilla
frutos tejidos con su piel?
¿quién?
Me acomoda en su ternura,
me riega, me crece, me abraza.
¿Quién escucha los ciclos de luna?
Si no tú.
¿Quién me toca si quiere,
me toma porque puede?
Solo tú.
Si —21 oct—
Si me tocas, yo me quemo.
Me deshago y tiemblo.
Hago sonar una voz
lánguida, penitente,
y te hago creer que es un error
acercarte y tenderme la mano,
agarrar este cuerpo frágil, dudoso,
que en silencio a tu lado calla su valor.
Pero si me tocas, yo me rindo.
Si me enredas con palabras
de una mente capaz, si me lanzas
miradas desde el faro firme.
Si un tacto tuyo es la corriente,
es la marea, es la orilla que me grita,
si la arena también quema
y el agua helada es anfitrión.
Yo me lanzo a nadar.
Si me tocas,
o me besas,
un beso tuyo es el mar.
Rodalitos —18 ago —
Me tienes de tus dedos prisionera,
rodalitos carmesí por todo mi semblante.
Anhelo descansar esta cabeza mía,
ver cómo el tiempo trata de alojar tu piel,
memorizando límites de sombra y sol.
Si soy presa o vine voluntaria, no lo sé.
Rodalitos de miel entre tus piernas.
A esta selva negra no cargamos brújula,
por eso voy a tientas, a punto de quieta.
Me valgo de tu voz para reconocer que
la carne débil prefiere no estar sola,
buscando rodalitos de los que beber.
Cada paso tuyo es el caudal de mi mercado.
Pongo en venta mi cuerpo, tú eliges creer
que debes pasear estas esferas frías
cogidas por correas mientras solo te miran,
felices de mimar esta expresión tan tuya.
Rodalitos carmesí por todo tu semblante.
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